miércoles, 25 de marzo de 2015

San Román de Fuente Humorera. Cinismo cinegético


Muy cerca de las ruinas del monasterio de Santa María de Rioseco se encuentra todavía en pie la espadaña de la pequeña iglesia románica de San Román de Fuente Humorera. No sabemos qué más queda de ella porque es imposible llegar hasta allí sin permiso de quien se considera de facto como su propietario. Nos han informado que este señor es muy amable y si te diriges a él respetuosamente llamándole Don Alfonso y vas bien vestido y en un coche caro es posible hasta que te permita verla de cerca e incluso hacerle algunas fotografías.

La que fue iglesia de Fuente Humorera se encuentra en la actualidad en el jardín de la casa señorial de reciente construcción de un propietario que ha logrado hacerse (y registrar a su nombre) con varios cientos de hectáreas entre las que se encuentran antiguas fincas de labranza, montes comunales y bienes de dominio público. No se sabe cómo ha ocurrido, pero en los mapas del catastro la iglesia de Fuente Humorera ha desaparecido, al igual que las ruinas, aun existentes, de las antiguas casas que conformaban el conjunto urbano de Fuente Humorera. Gracias a las recientes Normas urbanísticas aprobadas por el ayuntamiento del Valle de Manzanedo, el pueblo de Fuente Humorera también ha dejado de existir. Ahora Fuente Humorera es el nombre de una sociedad mercantil.

El párroco de la mayor parte de los pueblos del Valle de Mananedo se ha esforzado en registrar a nombre de la Iglesia todos los bienes que ha podido, mostrando en ello gran celo y diligencia. No sólo ha registrado los templos, sino que también ha registrado casas curales y fincas rectorales que los pueblos pusieron a disposición de los curas. Curiosamente, de este afán registrador de las propiedades que la Iglesia considera suyas, se han salvado dos templos: la ermita de San Tirso y la iglesia de Fuente Humorera. Decimos que curiosamente porque estos dos templos son los únicos que se encuentran dentro de un vallado, llamado cínicamente "cinegético", que rodea las propiedades de la sociedad mercantil que usurpó el nombre del pueblo de Fuente Humorera.



Según hemos podido leer recientemente en la prensa diaria, el cura, tras quejarse de que sólo se cuenta con una persona (él) para una labor (suponemos que la de registrar bienes) que intuimos que quiere decirnos que es muy "laboriosa", afirmó cínicamente que "se priorizan los lugares en uso, aunque eso deje relegados templos que, a pesar de su importancia pasada, hoy están en ruinas". Qué extraña y qué cínica resulta esta afirmación en un cura que dedica tantos esfuerzos a la recuperación del monasterio de Rioseco en el que organiza campos de trabajo veraniegos y en el que se está gastanto tanto dinero en carteles anunciadores colocados en la carretera. ¿Es que acaso el monasterio de Rioseco está en uso? ¿Es que acaso el monasterio de Rioseco no es una ruina? ¿Por qué la iglesia, que no ermita, de Fuente Humorera no se merece una mínima consideración por parte de este cura?

¿Por qué el cura habla siempre de la "ermita" de Fuente Humorera? El cura sabe perfectamente que el templo que estuvo dedicado a San Román en el pueblo de Fuente Humorera era una "iglesia aneja a la parroquia de San Martín del Rojo", como se puede comprobar leyendo el diccionario de Madoz, que tenía pila bautismal y cementerio. El cura sabe estas cosas, pero siempre habla de "ermita", como si esto le fuera a restar importancia. El cura también sabe que junto a la iglesia de Fuente Humorera había un cementerio, y debería saber que profanar cementerios es un delito grave. Sin embargo, no sabemos qué ha pasado con el cementerio de Fuente Humorera. El cura es posible que lo sepa, pero hace como que no sabe nada.


Pascual Madoz, 
Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, Madrid, 1847Tomo VIII, p. 228


El cura termina hablándonos en plural mayestático para decir "no queremos que se nos meta en medio de lo que creemos es, en verdad, una pelea política". Pero nadie le ha metido ni le quiere meter a él en ninguna pelea política, porque se ha metido él solo, porque cuando la Iglesia, como de costumbre, se alía con los poderosos, está haciendo política, que es lo que hacen los poderosos. El cura está en una pelea política desde el momento en el que su gestión favorece los intereses del señor poderoso que se ha apropiado de una iglesia.


El cura y el señor poderoso

El cura, en una ocasión manifestó que no podía registrar la iglesia de Fuente Humorera porque no existían sus libros sacramentales. Los libros sacramentales se encuentra archivados erróneamente, no sabemos si por accidente o deliberadamente, en el Valle de Valdebezana, pero existen y demuestran que era una iglesia, no una ermita y que tenía pila bautismal y cementerio.


domingo, 20 de abril de 2014

Pillaje en el Valle de Manzanedo

El pillaje de la actual corporación municipal

La corporación municipal vende el patrimonio municipal (de todos los vecinos) a los terratenientes responsables del cierre de caminos públicos, de la ocupación de pueblos a los que dejan caer en la ruina para llevarse las piedras. La corporación municipal consiente a los grandes terratenientes la usurpación de los caminos que son de todos (de toda la humanidad), permite la privatización de infraestructuras pagadas con nuestro dinero, la privatización de fuentes y arroyos y la utilización privativa por parte de los mismos terratenientes de los montes comunales. La corporación municipal se gasta el dinero de todos en abrir los caminos que les interesan a los concejales para acceder con sus tractores a donde tienen su ganado. La corporación municipal gasta el dinero de todos en pagar a un secretario que trabaja casi en exclusiva para los intereses de los grandes terratenientes y que colabora con ellos redactando informes que avalen las pretensiones privatizadoras de los bienes públicos. La corporación municipal dedica tiempo y dinero a proyectos ilegales como lo fue la pretendida desafectación de caminos públicos para su posterior permuta por otros bienes en beneficio de un terrateniente que ha ocupado un pueblo, se ha apropiado de su iglesia, ha destruido su cementerio, ha usurpado los caminos públicos y las infraestructuras urbanas, ha realizado construcciones ilegales de acuerdo con las Normas Subsidiarias vigentes...

El pillaje del cura

El actual cura párroco de la mayoría de los pueblos del Valle de Manzanedo llegó a estos pueblos hace algunos años con una misión: registrar a nombre de la Iglesia todas las iglesias y otras propiedades como casas curales y fincas rectorales. Esta es su principal misión. El cura párroco, como lo han hecho tradicionalmente los curas párrocos a lo largo de los tiempos, se acercó a los círculos de poder y comenzó a hacer su trabajo.

Al cabo de unos pocos años, el cura párroco ha registrado a nombre del arzobispado de Burgos todas las iglesias, menos una. Ha registrado a nombre del arzobispado las casas curales y las fincas rectorales. ¿Pero de quién son las iglesias, las casas curales y las fincas rectorales?

Las casas curales fueron casas construidas por las gentes de los pueblos y cedidas gratuitamente para que en ellas vivieran los curas párrocos, lo mismo que en casi todos los pueblos había casas para el pastor y horneras. Las casas curales son del pueblo, no del arzobispado. Bueno, eran, porque ahora ya están registradas a nombre del arzobispado. Las fincas rectorales eran fincas, habitualmente bienes propios o comunes de los pueblos, que se ponían a disposición del cura párroco para su sustento. Las fincas rectorales son del pueblo, no del arzobispado. Bueno, eran, porque ahora ya están registradas a nombre del arzobispado.

Las iglesias y ermitas son edificios que los pueblos construyeron con el esfuerzo de varias generaciones y mantuvieron durante siglos para poder disponer de un lugar de culto. "¿De quién son estos templos, hoy casi vacíos? No son de Dios, que nunca los necesitó ni le importa que hoy se vacíen, porque sólo le importa la Vida. Los construyó la pobre gente porque los necesitaba, cuando todo el pueblo era cristiano, o porque así lo habían decidido o porque así se lo habían impuesto. Todos nosotros somos sus hijos. ¿A quién pertenecen, pues, ahora que están vacíos? ¿Y de quién son esas magníficas casas parroquiales construidas en piedra de sillería, ahora que ya no hay clero que las ocupe o ahora que el pueblo en su inmensa mayoría no las quiere para el clero?" (José Arregui)

Curiosamente, el cura párroco ha registrado a nombre del arzobispado todas las iglesias menos una. Casualmente la única iglesia que no ha registrado es la que se encuentra en un pueblo usurpado por un gran terrateniente. Las iglesias de nuestros pueblos son nuestras, de las gentes pobres y sencillas que vivimos en pueblos pobres y sencillos, de quienes las hemos recibido de manos de nuestros padres, al igual que estos las recibieron de los suyos, y aquellos de los suyos... Son iglesias que nosotros nos hemos esforzado en cuidar, en mantener y en reparar. Las iglesias de nuestros pueblos, en las que hemos realizado grandes esfuerzos, a las que hemos dedicado nuestro trabajo, nuestro tiempo y nuestro dinero... nos las han robado y las han registrado a nombre del arzobispado. Pero la iglesia de Fuente Humorera... esta no la ha registrado el cura párroco, porque esta se ha convertido de la noche a la mañana en propiedad de un señor muy rico, muy poderoso que se ha apropiado de montes, de fincas, de rios, arroyos, fuentes, caminos... y también d ela iglesia y del cementerio a los que ya no es posible acceder porque los caminos que llevan a ella están cerrados o son privados.

Como siempre, como en todos los tiempos y lugares, el cura párroco y los miembros de la corporación municipal trabajan para los poderosos, no para el pueblo. En el Valle de Manzanedo, al menos, es evidente que sigue siendo así.

Ahora hasta el PP reconoce que el sistema que permite a los obispos inmatricular y registrar las iglesias de los pueblos es de dudosa legalidad. Leer: José María Esparza, "Teníamos razón"

A propósito de estos temas, las de José Arregui son unas reflexiones muy iluminadoras:

¿De quién son las iglesias?

 Estoy en Arantzazu. Aquí siguen sus fieles moradores de siempre: la peña, el haya y el espino, y a menudo, como hoy, también la niebla. Y las golondrinas bienvenidas de cada primavera, con sus nidos de barro colgados en los voladizos del santuario: aquí nacieron y aquí han vuelto, y las que ahora están naciendo también volverán.

 Aquí siguen cantando en el fondo de la niebla el tordo y el mirlo, el zarcero y el pinzón, y el reyezuelo que interpreta a Paganini. Ahí sigue, arriba a la vera del camino viejo, la ermita de Santo Cristo, donde los peregrinos han descansado durante siglos desahogando sus penas ante el Herido, antes de bajar a la iglesia. Aquí está la basílica, un inmenso nido de golondrinas, con su infinita calma, con su penumbra transfigurada.
Aquí están mis hermanos franciscanos, con un año más y la misma bondad de siempre, y con sus miedos y contradicciones, las de todos. Uno de ellos me ha preguntado: “¿De qué vas a escribir esa semana?”. “Pues no sé muy bien, quizá sobre las iglesias de nuestros pueblos y las ermitas de nuestros montes: de quién son las iglesias, las ermitas, las casas parroquiales; si han de ser del obispo o del pueblo que las hizo…”. “¡Oh! Es un tema vidrioso. No escribas sobre eso”. Pero esas palabras de mi hermano franciscano han acabado de decidirme a escribir sobre el tema. Sí que es un tema vidrioso, pero todos los temas lo son, y no pretendo dictar verdades, sino expresar opiniones y, si se diera el caso, hacer pensar.
Amo las iglesias, y sobre todo las ermitas. En las tardes de domingo, en Arroa, me gusta subir andando, por una carreterita solitaria y empinada, flanqueada de encinas, hasta la ermita de San Lorente; está rodeada de fresnos y acacias, en medio de una explanada verde, con la entrada abrigada por un porche bajo, con sus ventanitas desiguales, indicios de alguna ermita de otros tiempos, con una campana de bronce en el arco de la espadaña, testigo de todos los tiempos. Esta capilla y su entorno me cautivan. Al llegar, me siento impulsado a ponerme de rodillas y rezar –¡qué cosa más natural!– abrazado a la vieja puerta de madera desgastada, y de los siglos y del corazón acude a mis labios aquella oración que rezaba san Francisco en la ermita de San Damián a las afueras de Asís: “Oh alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón…”. Me da pena que un domingo por la tarde ese lugar tan bello y sagrado, tan lleno de paz, esté cerrado con llave, y que me deba conformar con asomarse justo por la rendija de la puerta a la penumbra y al misterio, pero tal vez así sea mejor, para no invadir. Ya es mucho poder estar en el umbral abrazado a la vieja puerta.
Es hermoso rodear luego la ermita y, por detrás de ella, contemplar Zumaia y entrar en sus entrañas siguiendo el curso de las dos rías, el Narrondo y el Urola, y perderse más allá en el mar hasta el otro lado del mundo. A la derecha, a media altura, se levanta la imponente iglesia de San Miguel de Artadi, en medio de unas pocas casas y de algunos caseríos diseminados. Bajo por el mismo camino por el que he subido y, al bajar, veo alzarse en la ladera de enfrente, en Arroa Goia, en medio de media docena de casas y caseríos, otra iglesia enorme, digo enorme en proporción al lugar.
Así, de capital en capital, de aldea en aldea, de colina en colina, podríamos recorrer toda la geografía peninsular, sembrada de humildes ermitas o de magníficas catedrales. Son símbolos de otros tiempos, tan cercanos y tan distintos, en que todo el pueblo se reunía en esos hermosos templos para aliviar las penas, para alegrar el alma, para seguir viviendo, porque no solo de pan vive el hombre, ni entonces ni ahora. Todo era en aquellos tiempos tan ambiguo como en los nuestros. Con sus manos y sus tributos, aquellas gentes construían lujosos edificios de mármol para Dios y confortables casas de piedra para el clero, mientras ellos no poseían más que chozas miserables de barro, como las golondrinas. Y lo hacían para dar gloria a Dios, pero también porque no se les ofrecía otra manera de darse a sí mismos un poco de gloria y dignidad, o porque no se les permitía tener otra imagen de Dios que la imagen y semejanza de quienes les oprimían, queriéndolo o sin querer. Y aquella gente pensaba que honrando al clero honraban a Dios, porque así se lo había enseñado el clero. Estaban ciertamente orgullosos de sus templos, pero su orgullo era también un triste reflejo de la profunda humillación que padecían sin saber.
No sé. Todo es tan equívoco. A mí me conmueven las ermitas, y no quiero dejar de subir a San Lorente los domingos por la tarde, pero tampoco puedo disimular todas esas dudas. Y hoy no quiero callar una pregunta crucial: ¿De quién son estos templos, hoy casi vacíos? No son de Dios, que nunca los necesitó ni le importa que hoy se vacíen, porque solo le importa la Vida. Los construyó la pobre gente porque los necesitaba, cuando todo el pueblo era cristiano, o porque así lo habían decidido o porque así se lo habían impuesto. Todos nosotros somos sus hijos. ¿A quién pertenecen, pues, ahora que están vacíos? ¿Y de quién son esas magníficas casas parroquiales construidas en piedra de sillería, ahora que ya no hay clero que las ocupe o ahora que el pueblo en su inmensa mayoría no las quiere para el clero?
Hago estas preguntas porque es sabido que los responsables de muchas curias diocesanas están moviendo sigilosa y eficazmente los hilos para hacerse con los títulos de propiedad de estos templos y casas, y así poder venderlas al mejor postor o que las puedan vender sus sucesores. Me parece muy grave. Es una rapiña, indigna de la Iglesia de Jesús. Es un atentado contra el culto en espíritu y en verdad que Jesús nos legó. Es un fraude contra el erario público, contra la ciudadanía con cuyos impuestos se siguen conservando esos templos y esas cosas. Es una ofensa contra la memoria de la pobre gente que en otros tiempos construyeron esos templos y esas casas para Dios o para sí, para seguir viviendo, pero de ningún modo para enriquecer al clero.
Por supuesto, no estoy en contra –muy al contrario– de que los cristianos sigamos utilizando los templos heredados de nuestros antepasados y nos reunamos en ellos cada domingo para celebrar la vida. No es eso. Me refiero a las ermitas, las iglesias y las casas parroquiales que van quedando vacías. Fueron del pueblo, y pienso que han de volver al pueblo y que el pueblo ha de disponer de ellas para cultivar la vida de la manera que le parezca más oportuna. Lo que construyeron entre todos y para todos, y que aún hoy se sigue conservando y restaurando con subvenciones públicas, es decir, con dinero de todos, ha de volver a ser de todos.
Es más: yo propondría que, al igual que en todos los pueblos hay cines y casas de cultura y jardines cuidados, en todos los pueblos hubiera también una especie de ermitas urbanas, enteramente laicas y aconfesionales, unos espacios de calma, cuidados y bellos, para que la gente, cualquier gente de cualquier convicción, se recoja allí, como las golondrinas en sus nidos, para descansar y desahogarse, para gozar o llorar en silencio, para respirar mejor.
Y bien podrían servir para ello nuestros templos cristianos, algunos al menos. Sin duda, aquellos que están vacíos. Pero también muchos de los que solo se utilizan los domingos. ¿Por qué no podrían transformarse en espacios públicos compartidos con otras religiones o movimientos espirituales? ¿O por qué no podrían reconvertirse para todos los que quieran, creyentes o no, en ermitas laicas o lugares de paz? Todo menos el pillaje eclesiástico que ya está en marcha.

Para orar
Han penetrado las sombras.
Han salido las estrellas.
Los pájaros se han ido a dormir.
La noche abraza la mitad silenciosa de la tierra.
Un vagabundo, un pobre caminante
con los pies cubiertos de polvo,
baja por un camino nuevo:
un Dios sin techo, perdido en la noche,
un Dios sin papeles, sin identificación, sin número,
un extranjero frágil y desechable,
yace desolado bajo las dulces estrellas del mundo,
esperando a dormirse.
(William Ernest Henley, poeta inglés, 1849-1903)

martes, 15 de octubre de 2013

farsa del empresario, el cura y la vedette

farsa: obra teatral en la que sus personajes se comportan de manera extravagante y extraña y que sirve de relleno ("farcire") dentro de la obra principal.


En este caso la obra principal es la apropiación del monasterio de Rioseco por un empresario que ya ha ocupado varios pueblos, iglesias, montes, caminos, fincas que no son suyas, fuentes, rios y arroyos. En esta obra, otro de sus protagonistas es el señor cura. No podía faltar.

La farsa que representan aquí sirve para degustar unos quesos que probablemente no huelan, cosa rara, pues el señor industrial que los fabrica parece tener mucho interés en que se sepa que no huele en el gran pabellón industrial en el que tiene a sus cientos de cabras, todas ellas con los cuernos cortados (esto debe ser la última tendencia de la ecología y la ecosostenibilidad del complejo bacteriano japonés B35J).

Cosa curiosa es que cuando se grabó este programa, en el mes de julio, todavía no había voluntarios trabajando en el monasterio, pero se les puede ver en la grabación. Al parecer para que quedase más real llenaron el monasterio de extras que representaban a los auténticos voluntarios que acudirían algunas semanas más tarde.




 














Resulta cómico escuchar las explicaciones ecosostenibles e inodoras del señor empresario al que vemos sentado entre sus cabras paciendo libremente en el monte. Es cómico porque esto sólo lo deben de hacer cuando salen en la tele, ya que lo habitual es que estén encerradas dentro de un pabellón en el que, eso sí, huele a rosas. Quienes realmente trabajan en la fábrica de queso, se ocupan de las cabras y viven a un paso de ellas, padecen sus olores día y noche. Estos casi ni aparecen en la farsa. Se les ve un poco y de lejos.

El señor empresario habla de devolver a la naturaleza lo que le hemos robado. A ver cuándo nos devuelve lo que nos ha robado a todos: caminos, ríos, fuentes, montes...

Es cómico que presuma de haber plantado 120.000 árboles en una tierra en la que salen solos y a veces hay que cortarlos porque hay demasiados. También es cómico que presuma de cuidar 500 hectáreas de monte. Se ve que para eso las tiene cerradas con un vallado metálico de 2 metros de altura: para cuidarlas mejor y que no entre nadie a ensuciárselas.

Es grotesco que este señor, que en los últimos años ha recibido casi un millón de euros (SI, UN MILLÓN) en subvenciones con dinero público (SI, DE TODOS), diga con desparpajo que "otra forma de vida es posible" y que se puede volver al campo. El caso es que los demás nos tendremos que ir porque este señor necesita todo el campo para él solo y su familia. Hace diez años cerró con un vallado casi mil hectáreas de monte (SI, MIL HECTÁREAS) con pueblos, iglesias, caminos públicos, ríos, fuentes... todo esto para él solo. Otros dos o tres más que vengan con su filosofía y los demás ya podemos ir marchando hacia Lampedusa...

En esta farsa, el papel del cura es de segundón. El empresario en un momento dado de su interpretación nos explica cómo es el cura y todo lo que hace para que las gentes del entorno sepan valorar su patrimonio. Al parecer hasta que no llegó este salvador del patrimonio nadie se había preocupado antes por él.

viernes, 26 de julio de 2013

La Iglesia y el señor Feudal

 ¿Creéis que es una cueva de ladrones este templo que lleva mi nombre?
Jeremías, 7:11

Estos son los que se preocupan por Rioseco, para convertirlo en su bandera. La bandera de los poderosos:


La imagen recuerda otras épocas en las que la Iglesia se inclinaba ante el señor feudal.
Esta imagen es de hace poco y la Iglesia sigue inclinándose ante el señor feudal.

El señor alto de la fotografía es el usurpador de pueblos y caminos del Valle de Manzanedo. Todo un señor feudal como los de antes. El señor de negro... pues es el cura... Una imagen vale más que todo lo que podamos decir ahora y siempre per in secula seculorum amen...

Hasta ahora teníamos que salvar Rioseco de quienes se llevaban las piedras a su casa. Ahora debemos salvar Rioseco de los poderosos que se han apoderado de él. SALVEMOS RIOSECO.

Curiosamente hace algún tiempo el cura pilló "in fraganti" a unos inmigrantes llevándose unas piedras del monasterio de Rioseco y, lógicamente, tuvieron que devolverlas. El señor ante el cuál inclina levemente la cabeza en esta fotografía no ha robado algunas piedras de Rioseco. No es su estilo. Este señor tiene una iglesia entera en el jardín de su casa y ha cerrado los caminos que conducen a ella. Pero a este señor nadie le obliga a devolver lo que no es suyo.







miércoles, 3 de abril de 2013

Nuestro patrimonio en peligro

Las ruinas de los viejos monasterios son parte de nuestro patrimonio. Las viejas iglesias, los pequeños puentes de piedra, la arquitectura tradicional, las viejas fuentes, los muros de piedra que configuran nuestros paisajes. Pero también son parte de nuestro patrimonio los viejos caminos que recorrían nuestros antepasados con sus carros de bueyes, con sus ganados, con los productos de sus tierras...

Hoy en día a todo se le pone precio y creemos que todo se puede comprar y vender. Hasta la felicidad.

El Ayuntamiento del Valle de Manzanedo se ha puesto de acuerdo con un  terrateniente, un señor muy amable, bien educado, muy bien vestido, muy elegante, todo un dandy y "muy buena persona" y amigo de los poderosos, para venderle los bienes que son de todos, los viejos caminos que son de todos los humanos que vivimos hoy y de los que vivan en el futuro porque son lo que el derecho romano llamaba "res communis omnibus hominibus", es decir cosas comunes de todos los humanos. Dicen que se los van a cambiar por unas fincas que este señor acaba de comprar para ello y que se los van a vender porque total lleva ya más de diez años usurpándolos y estas cosas hay que legalizarlas...

En fin... Se puede acceder a más información aquí:

http://www.valledemanzanedo.eu/bienesp.html


Carta abierta de una vecina

Me llamo Eulàlia Sanmartí Miquel y me siento en la necesidad de hacer estas alegaciones, aunque sé que por ellas se me acusará de ingenua. Soy ingenua. A pesar de que cada día es más difícil ser ingenuo. Pero me esfuerzo por serlo. Porque es ingenuo pensar que en la Tierra se pueda vivir en paz, porque es ingenuo pensar que todos somos iguales, es ingenuo pensar que todos tenemos los mismos derechos, es ingenuo pensar que dejará de existir el hambre... es ingenuo casi todo lo bueno. Y a pesar de todo, pienso que lo único que nos reivindica como humanos es seguir luchando por lo ingenuo.

Entiendo que en este desierto humano en el que vivimos llamado Valle de Manzanedo, en el que las calles de los pueblos están casi siempre vacías, las fincas abandonadas a su suerte, los muros de los caminos desmoronados, las campanas mudas en las espadañas, sin nadie que las escuche, sin nadie que las haga cantar. Entiendo, digo, que parezca ingenuo reivindicar el derecho a andar por unos caminos que de tan abandonados ya ni caminos parecen, y a pesar de todo, repito, me siento en la obligación de clamar por este derecho.

Fue la ingenuidad la que me trajo al Valle de Manzanedo, soñando con el retorno a la Arcadia feliz. Hace mucho que descubrí que esto no es el paraíso. Somos pocos. Poca gente, y aún así demasiados individuos. Verdaderamente esto no es el paraíso, pero si se aprueba la desafectación que pretendeis y los bienes públicos dejan de serlo se abrirá la puerta del Averno. Ya cualquiera tendrá derecho, y si tiene dinero posibilidad, de abrir procesos de inmatriculación de fincas cuyos dueños legítimos nunca han registrado, de este modo podrá hacerse con un montón de hectáreas, cercarlas y después reclamar como suyos los caminos que por ellas discurran. De este modo, los cuatro ingenuos que quedemos aquí veremos cada vez más difícil andar por el monte para ir a visitar a nuestro lejano vecino más próximo.

Tal vez seamos merecedores de este castigo por el mero hecho de pertenecer a una especie tan codiciosa. Pero es que, además, de seguir adelante con vuestros planes, el entorno en el que vivimos se convertirá en un montón de paradisíacas burbujas para sus dueños, inconexas unas de las otras, en las que no sólo será imposible que circulemos nosotros y nuestros hijos, sino también los lobos, corzos, tasugos, raposos, jabalís, liebres...

No soy de aquí. Vine aquí dolida por tanta y tanta tierra sepultada bajo el asfalto de urbanizaciones infrautilizadas. Y os digo a vosotros que sois de aquí que si seguís adelante con vuestros planes, un día tendreis que llorar como yo por haber vendido la Tierra al mejor postor.

Pide al ayuntamiento del Valle de Manzanedo que tome las medidas que sean necesarias para la recuperación de los caminos cerrados, tal como se lo ha pedido la Junta de Castilla y León y el Procurador del Común:

https://www.change.org/es/peticiones/ayuntamiento-del-valle-de-manzanedo-que-se-proceda-a-la-recuperaci%C3%B3n-de-los-bienes-de-dominio-p%C3%BAblico-usurpados

lunes, 24 de diciembre de 2012

Un cuento de Navidad

Erase una vez un viejo monasterio. Hacía muchos, muchos años que quienes habitaban en él, sucesores de muchos otros que allí habían vivido, orado, meditado, dedicado su vida a la contemplación de las maravillas de la creación, lo habían abandonado forzados por nuevas concepciones del mundo y de la vida en las que no había sitio para la oración y la vida contemplativa. Había que producir riquezas, dar paso al progreso y al desarrollo económico. No había lugar para ociosos que dedicasen su tiempo a la oración.

Este viejo monasterio había sido levantado piedra a piedra durante varios siglos con el dinero de los ricos y con la miseria de los pobres. Una cosa era necesaria para la otra. Sin la miseria de los pobres no existirían ricos, pero tampoco existirían grandes obras arquitectónicas como aquel monasterio.

Mientras los ricos invertían sus riquezas en la salvación de sus almas mediante la construcción de grandes y bellas obras de arquitectura como aquel monasterio, sus míseros vasallos sufrían vejaciones de todo tipo, debían pagar diezmos, alcábalas, yantares y otros tributos, algunos en trabajos forzosos como las sernas o la participación en guerras que no eran suyas y en las que dejaban muchas veces la vida y una larga lista de huérfanos.

El resultado lo tenemos ante nuestros ojos. Una gran obra de arquitectura construída con la sangre y con el sudor de miles de pequeños hombres y mujeres anónimos que no podemos permitir que se destruya y que se olvide.

Durante muchos siglos, las gentes que construyeron con su sudor y su sangre esta magnífica obra y que contribuyeron con sus diezmos y con su trabajo a su sostenimiento se desplazaban de un pueblo a otro por viejos caminos. Viejos caminos que unían a las gentes y a los pueblos. Viejos caminos por los que transitaban para acceder a las fincas que cultivaban, para llevar el ganado a las veredas, para unir mediante el matrimonio a familias de diferentes pueblos, para compartir sus problemas, sus desgracias y sus alegrías. Viejos caminos que se reparaban todos los años, en los que se construían muros de piedra para evitar derrumbamientos y escorrentías. Viejos caminos por los que se acudía a las fuentes a por agua y a los montes a por leña.

Las gentes que con su sudor y su sangre levantaron las poderosas paredes, bóvedas y arcos de este viejo monasterio vivieron en pequeños pueblos en los que siempre había una fuente, una hornera, un lavadero. Pequeños pueblos como Rioseco, San Martín del Rojo o Fuente Humorera. Pequeños pueblos con sus pequeñas iglesias que servían como punto de unión de los vecinos en las que se reunían para acudir a las celebraciones religiosas y para celebrar sus concejos a campana tañida.

Estos caminos y estos pequeños pueblos, con sus fuentes, con sus viejas calles y caminos, también son parte de nuestra memoria, son parte del legado que nos transmitieron nuestros antepasados y que nosotros tenemos obligación de conservar y de transmitir a nuestros sucesores.

Ya no hay monjes en el viejo monasterio. Tampoco hay gentes que vivan en algunos de los pequeños pueblos que lo rodean. Pero el viejo monasterio y los pequeños pueblos que lo rodean forman parte de nuestra historia, son parte de nuestro patrimonio, son parte del legado que nos dejaron nuestros antepasados y son parte del legado que tenemos obligación de transmitir a nuestros sucesores.

El viejo monasterio quedó abandonado y fue víctima de un gran expolio. Grandes sillares, dovelas bien talladas, escudos, lápidas funerarias, todo servía para embellecer las casas particulares de gentes con pocos escrúpulos. Quienes tienen lápidas de Rioseco en su chalet no fueron ellos mismos a buscarlas. Algún inmigrante sin papeles se las vendería a buen precio. Quienes corrían el riesgo y se tomaban el trabajo de bajar las piedras desde el monasterio hasta la carretera probablemente lo que consiguieron fueron unos pequeños ingresos para poder llegar a fin de mes, poder pagar la factura de la luz y el alquiler de la habitación en la que vivían dos o tres familias.  Algunos incluso fueron detenidos por la Guardia Civil. Sin embargo quienes tienen las piedras en los muros de su chalet en Cigüenza ni se han enterado.

Otros no necesitaron de inmigrantes ilegales que les vendiesen las piedras. Ocuparon un pueblo entero y tienen su vieja iglesia en el jardín de su casa sin necesidad de mover una sola piedra. A estos la Guardia Civil les trata con mucho respeto y les llama "Don Alfonso".

"Don Alfonso" no sólo tiene una iglesia en la jardin de su casa, sino que desde hace diez años tiene cerrados numerosos caminos y ocupados varios pueblos a los que no es posible acceder. "Don Alfonso" es "ecologista", al menos eso dice él. "Don Alfonso" está acostumbrado a ocupar pueblos y cerrar caminos, pues ya lo ha hecho otras veces en otros territorios más meridionales de nuestra provincia. "Don Alfonso" es un gran amante de la naturaleza y por eso, siguiendo la tradición de los amores románticos, la quiere para él solo. No le gusta compartirla. Si hace falta, su amor por ella puede llevarle a hacer cosas como encerrarla dentro de un vallado. "Don Alfonso" es también un gran amante de los animales. Algunos hemos visto en youtube un video en el que aparece dándoles besitos a unas cabras. Ama tanto a los animales que organiza grandes cacerías en su "coto privadísimo" a las que acude la flor y nata de la oligarquía más rancia y casposa del país. "Don Alfonso" lleva diez años ocupando pueblos enteros a los que no es posible acceder y cerrando caminos públicos por los que no es posible pasar.

El Ayuntamiento, que es quien debería tomar las medidas para que los caminos que se encuentran cerrados sean abiertos, tal como se lo ha recordado en varias ocasiones el Procurador del Común de Castilla y Léon, lleva diez años consintiendo esta situación. Pero como al parecer ha empezado a haber quejas de gente que reclama su derecho a caminar por los caminos públicos -¡Qué barbaridad! ¿Qué necesidad tendrán de andar por esos lugares en los que no tienen propiedades?- pues el señor "Don Alfonso" ha propuesto al Ayuntamiento que le venda los caminos, las calles, las plazas de los pueblos, las fuentes, el abasticimiento de agua, el saneamiento, el alumbrado público... Y resulta que al Ayuntamiento no le ha parecido mala idea y se los va a cambiar por unas fincas que el señor "Don Alfonso" compró hace unos meses lejos de su casa y de su hacienda, probablemente porque eran las que a los miembros de la Corporación Municipal les venían mejor para algo que todos nos imaginamos.

La belleza del viejo monasterio es un bien a conservar aunque haya perdido su utilidad. Los viejos caminos también son un bien a conservar porque no sólo no han perdido su utilidad sino que son lo que nos queda para poder desplazarnos libremente por un mundo cada vez más vallado y más asfaltado. Los viejos caminos no son patrimonio de unos pocos, no son patrimonio de los pueblos por los que pasan ni siquiera del municipio en el que se encuentran. Los caminos son patrimonio de la humanidad. Los caminos nunca pierden su utilidad y por eso son bienes demaniales, bienes de dominio público, y por tanto se encuentran excluidos del mercado. No se pueden comprar y vender. Porque además no tienen precio, aunque el Ayuntamiento del Valle de Manzanedo se lo haya puesto (¡por seis euros alguien puede comprarse 100 m2 de camino!). ¿Cómo se puede calcular el precio de un camino? Un camino está para que algún día alguien pase por él. Nunca se sabe cuando llegará ese día, pero el día que alguien quiera pasar por él, el camino allí estará esperando, con más o menos maleza, pero el camino allí estará y quien camine por él lo dejará en mejores condiciones para quien venga tras él.
SALVEMOS FUENTE HUMORERA

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miércoles, 10 de octubre de 2012

Otras miradas a Rioseco




Finalizadas con éxito las Jornadas veraniegas que hemos titulado “¡Abrimos Rioseco!”, presentamos las actividades de otoño relacionadas con la recuperación del Monasterio de Santa María de Rioseco.
Durante los meses de octubre y noviembre nos ocuparemos de dos exposiciones y de la presentación del libro “Nika y el monasterio”.

Las exposiciones tendrán como protagonista al monasterio. Ambas se realizarán en la sala de exposiciones de Caja Burgos en Villarcayo.


La primera de ellas, bajo el título de “Rioseco”, presentará óleos de Iñaki Bilbao y Miguel Ángel Salgado. Iñaki Bilbao es profesor titular de Pintura en la Facultad de Bellas Artes de Universidad del País Vasco y Miguel Ángel Salgado ha conseguido su título de doctor por la Universidad del País Vasco con la Tesis doctoral “Análisis de los contenidos simbólicos y poéticos en el paisaje romántico. Aplicación experimental”. La idea de esta muestra partió de Iñaki Bilbao, enamorado desde joven de las románticas ruinas del monasterio, quien mientras dirigía la tesis doctoral de Salgado le propuso conocer el cenobio. Y de un modo absolutamente natural surgió la idea de esta colaboración. La exposición -del 16 al 30 de octubre- se inaugurará el martes 16 a las 7 de la tarde en la Sala de Exposiciones de Caja Burgos, allí los pintores nos mostrarán personalmente sus creaciones.

Del 1 al 15 de noviembre podremos contemplar la muestra “Otras miradas a Rioseco”, una exposición colectiva de 5 alumnas de Tercer curso de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco. Ellas son: Maider Aldeasoro, Mar de Dios, Laura Ibáñez, Alba Lorente y Gabriele Muguruza. En esta ocasión fue Laura Ibáñez, que conoce desde pequeña el monasterio, quien propuso a sus compañeras la idea, que fue secundada con ilusión. En esta ocasión los planteamientos plásticos son muy personales y se llevan a cabo desde ópticas muy diferentes. Esta muestra podremos contemplarla en Villarcayo del 1 al 15 de noviembre. El 1 se inaugurará con la presencia de las jóvenes pintoras.

El 19 de octubre en Medina de Pomar y el 16 de noviembre en Villarcayo (en las dos ocasiones en los Salones de Caja de Burgos) se presentará el cuento “Nika y el monasterio” de Noelia López, autora del texto y Laura Ibáñez, autora de las ilustraciones. En ambas presentaciones las autoras estarán acompañadas de alumnos del Colegio Público “San Isidro” de Medina de Pomar, que bajo la dirección de Noelia, profesora de este centro, representarán la historia del cuento, que trata de transmitir a los niños la necesidad de conservar y cuidar nuestro patrimonio. El dinero que se recaude con la venta de este libro se destinará íntegramente a la recuperación del monasterio.




miércoles, 5 de septiembre de 2012

Rioseco en el Diario de Burgos


Enlace a la noticia en la web de Diario de Burgos

martes, 14 de agosto de 2012

Obra de 118 voluntarios

Han sido 118 las personas que han trabajado durante la pasada semana en el monasterio. Gracias a su esfuerzo el claustro del monasterio de Rioseco ha recuperado un poco más de su aspecto original y se ha descubierto la canalización que llevaba agua a la fuente situada en el mismo.

Pero sobre todo se ha recuperado un trocito de la memoria escondida entre las piedras caídas y entre las hiedras que crecen agarradas a sus paredes, y se ha recuperado el interés y la preocupación por conservar lo que queda de esta magnífica obra arquitectónica que fue levantada durante varios siglos también con el esfuerzo de gentes anónimas que con sus manos labraron las piedras y las colocaron de forma armoniosa.


viernes, 10 de agosto de 2012

Más de un centenar de voluntarios trabajan en el monasterio

Durante toda esta semana son varias decenas las personas que están dando el callo por el monasterio de Rioseco. Los trabajos de limpieza y desescombro han permitido además descubrir la canalización de una vieja fuente que se encontraba oculta.

Ya era conocida la canalización que llevaba el agua hasta el monasterio, pero la que se ha descubierto ahora se encuentra en el claustro y parece tratarse del medio por el que se abastecía de agua a una fuente probablemente situada en el centro del mismo.


En esta fotografía se pueden ver los arcos del claustro que se encontraban tapiados desde mediados del pasado siglo y que están siendo reabiertos durante estos días.

Esta es la información difundida por la agencia Europa Press:


BURGOS, 10 Ago. (EUROPA PRESS) -
   Los trabajos desarrollados durante la II Semana del voluntariado en el Monasterio de Santa María de Rioseco, ubicado en el valle de Manzanedo (Burgos) han sacado a la luz la canalización de una antigua fuente, sobre la que se ha redactado un informe que ha sido enviado a la Junta de Castilla y León para que señale los pasos a seguir con respecto a esta infraestructura, según han informado testigos presenciales a Europa Press.
   Los trabajos, en los que participan diariamente casi medio centenar de voluntarios, procedentes de localidades del entorno y de lugares como Madrid, Barcelona o Bilbao, tienen como fin liberar los ojos del claustro, tapiados desde los años 40 del pasado siglo, cuando se alquiló este espacio para guardar ganado y se taparon los arcos para que el ganado no entrara a la iglesia. En esa época también se hizo una segunda planta para guardar paja y pienso.
   Estas labores son sufragadas con donativos, que han permitido alquilar máquinas de obra para desescombrar los materiales más pesados. Durante estos trabajos, se ha descubierto la canalización de una antigua fuente que permanecía oculta.
   La semana finalizará este domingo, 12 de agosto, con la Gran fiesta del voluntariado en Rioseco, en la que habrá conciertos, misa en el Monasterio a las una y media de la tarde, seguida de una comida solidaria media hora más tarde.
   Además de una exposición de fotografías, los visitantes podrán escuchar cuentos, ver una obra de teatro y disfrutar de un concierto de música antigua a cargo del grupo Aldebarán. Los actos finalizarán a las siete y cuarto de la tarde con las voces de los monjes cistercienses de San Pedro de Cerdeña.

Más información en:



domingo, 22 de julio de 2012

lunes, 16 de julio de 2012

Piedras que luchan



Este reportaje fue publicado en el Diario de Burgos del día 15 de julio de 2012 y puede leerse aquí

lunes, 25 de junio de 2012

domingo, 24 de junio de 2012

Nuestro patrimonio en grave peligro


Esta es la noticia aparecida en el Diario de Burgos de hoy en la que también se habla de Rioseco:

La falta de inversión agudiza el riesgo de decenas de bienes
H.J. /G.G.U./ Burgos - domingo, 24 de junio de 2012

La aparición de un claustro románico cuyo origen puede estar en Burgos en una finca privada de Palamós (Girona) ha abierto un debate sobre la conservación del patrimonio que tiene la provincia. Y hay quien llega a la conclusión de que más que lamentarse por lo que se fue, todavía podemos trabajar para que no se repitan episodios indeseables.
«No debemos perder las esperanzas de que, algún día, recuperemos nuestro legado, sobre todo si su salida se produjo ilegalmente. Pero creo que nuestra gran responsabilidad, en estos momentos, es mantener lo mucho que aún nos queda». Esta reflexión del profesor de Historia del Arte de la UBU René Jesús Payo, expresada hace unos días en este periódico, se refiere al recurrente asunto del patrimonio expoliado, o vendido, o exiliado, o robado, o desaparecido, o como se le quiera denominar.
La provincia de Burgos, gracias a sus condicionantes históricos como origen del reino de Castilla y sede de importantes centros de poder político y religioso, conserva espectaculares monasterios, conmovedoras abadías, iglesias que son una joya y edificios civiles admirables. Pero son tantos que sus titulares no dan abasto a conservarlos, y muchos de ellos están en riesgo de desaparición. No porque una fortuna norteamericana venga, los despiece y los monte en un barco como ocurrió a principios del siglo XX, sino simplemente porque la maleza, el viento, la lluvia y el sol, el mero paso del tiempo, acaban con ellos. Es el caso del Monasterio de Fresdelval, de la Colegiata y del Monasterio de Santa Clara, ambos en Briviesca, del convento de Nofuentes, del Palacio de Cadiñanos, en Trespaderne... El listado sería interminable si fuésemos concienzudos. Pero hay algunos ejemplos que merece la pena repasar para hacerse una idea de lo que está en juego. Por ejemplo, el Monasterio de San Pedro de Arlanza, en su día tan significativo o más que Silos, propiedad del Estado y en el que la Junta de Castilla y León ha hecho en los últimos años esfuerzos de consolidación para evitar el avance de la ruina pero que sigue esperando un plan de actuación definitivo que le dé vida y asegure su futuro.
O el de Santa María de Rioseco, en el que el trabajo de decenas de vecinos y voluntarios ha sido fundamental para asegurar un mantenimiento básico. Gracias a ellos se han realizado obras de conservación y la venta de libros ha permitido conseguir financiación para poder pagar los 8.000 euros que cuesta consolidar los primeros cuatro arcos del claustro, un paso imprescindible para poder recuperar las cubiertas de la iglesia y de la sala capitular. «Es una lucha terrible», explica el párroco de Rioseco, Juan Miguel Gutiérrez.
Él es uno del casi centenar de voluntarios que están tomando las medidas que la Administración no adopta. «Hace tiempo se aprobó una moción para la consolidación de las ruinas de Rioseco que incluso llegó al Congreso, pero no se hizo nada. Ahora se achaca a la crisis, pero está demostrado que por cada euro que se invierte en patrimonio, revierten dos o tres», apunta Gutiérrez. Este fin de semana comenzarán las visitas guiadas por las ruinas que se celebrarán durante todo el verano, y con las que los voluntarios y amigos del monasterio pretenden conseguir más fondos para el conjunto y poder seguir trabajando en su conservación. En este caso, se trata de una ruina propiedad del Arzobispado, pero hay otras muchas de particulares que, directamente, se declaran incapaces de asegurar un correcto mantenimiento. Es el caso del Monasterio de San Antón, en Castrojeriz, que en sus tiempos fue parada imprescindible para los peregrinos del Camino de Santiago, o del de Alveinte, en Monasterio de la Sierra.
En este último se celebra todos los veranos la romería de Alveinte y es muy probable que si el propietario de las ruinas, Jesús María Esteban, decidiera venderlo y permitir que se lo llevaran de Burgos, la provincia pondría el grito en el cielo. Pero de seguir así, acabará cayéndose. «Está claro que a mejor no va a ir, pero hago lo posible porque se mantenga», explica por teléfono Esteban. Este serrano explica que cuando él era niño, el monasterio conservaba buena parte de sus piedras de sillería y de su estructura original, pero los familiares del entonces propietario permitieron que se llevaran cientos de piedras para emplearlas en la construcción de una central eléctrica. «Yo nunca lo hubiera consentido, me pregunto cómo es posible que lo hicieran, porque si se hubiera conservado como yo lo conocí...». Explica que él lo compró hace más de 50 años por «más de 20.000 pesetas» y subraya que para entonces. «ya estaba mal». Sin embargo, afirma que nunca ha pedido ayuda a la Administración. «Me preocupo de limpiar y de mantener la bóveda, pero no hago más inversión», cuenta. Además, ha tenido que vallar todo el perímetro y cambiar reiteradamente los candados porque la gente, dice, seguía entrando para robar piedra. A pesar de todo, Jesús María Esteban asegura que no tiene la más mínima intención de vender y confía en que sus herederos puedan conservar el monaterio.
Tampoco  el presidente de la fundación propietaria del monasterio de San Antón, Eliecer Díez, vendería las ruinas si pudiera hacerlo. Este caso es distinto del de Alveinte porque en varias ocasiones se ha recibido dinero de la Administración para obras de consolidación, pero a juicio de Díez no se aprovechó correctamente. El próximo agosto se cumplirán 35 años desde que compró las ruinas y al cabo de poco tiempo, la Junta aprobó una partida de 5 millones para conservar lo que quedaba. «Se lo encargaron a tres albañiles que  hicieron muchas cosas, hasta que dejaron de mandarles material y no pudieron seguir», cuenta Díez.
Pasaron los años, le hicieron varias ofertas para comprarle el monasterio que rechazó y llegó el momento en el que Díez se encontró con que la Administración le obligaba a constituir una fundación para poder recibir subvenciones y lo hizo, aunque ahora asegura estar arrepentido. «De haber sabido que iba a tener tan poco apoyo, no hubiera hecho esto, en absoluto», afirma, explicando que una vez constituida la fundación Eliecer Díez Temiño San Antón, «nos dieron 40 millones para obras de consolidación, pero se hizo muy poca cosa y cuando me quise dar cuenta, ya no había dinero», apunta indignado.  Explica que del proyecto de rehabilitación se encargó un equipo que, según explica, no se preocupó de destinar el dinero a lo más importante: reconstruir la cubierta. «Por la parte de abajo está consolidado, lo que hace falta es cubrirlo. Viene el invierno y con él viene el agua, los hielos y eso es lo que perjudica. Si hemos visto un hueco en las paredes, lo hemos cubierto, hemos metido la luz y el agua, pero yo no puedo techarlo», apunta.
Tampoco las ruinas que tienen la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) cuentan con más protección; todo lo contrario. El alcalde de Encío, Benjamín Fuente, asegura sentirse impotente para conseguir que la Junta haga algo con la iglesia de San Cosme y San Damián, declarada BIC en 1983 y que, a pesar de ello, ha ocupado durante mucho tiempo uno de los puestos en la lista roja del patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra. Salió en 2005, después de que la Junta acordara invertir 74.455 euros en la iglesia. Sin embargo, Fuente explica que lo único que se hizo fue «echar una plancha y, desde entonces, no se ha vuelto a actuar». Y suponiendo que el Ayuntamiento estuviera dispuesto a dedicar parte de su presupuesto, no podría hacerlo porque al ser un BIC, la competencia es de la Junta.
Payo admite que «la situación es inabarcable, pero no debemos renunciar a mantener lo que tenemos, porque sería malo que alguien viniera, pagase y se lo llevase, pero peor sería que lo dejáramos caer y desaparecer para siempre». Cree que la responsabilidad sobre el futuro de nuestro patrimonio es cuestión de muchas partes: «Yo hablaría de una corresponsabilidad», explica. «De las comunidades que tutelan estos bienes, de los ayuntamientos, la Diputación o la Junta en su caso, también de la Iglesia aunque es imposible que pueda con todo...»  La clave, dice, es un trabajo constante: «Hacemos inversiones cada 20 años y luego dejamos que empeore, y la solución está en el mantenimiento». Lo malo, sin embargo, es que serían necesarios unos cuantos millones de euros que ahora nadie tiene.

domingo, 17 de junio de 2012

Tarde musical en Rioseco


La iglesia del monasterio de Santa María de Rioseco ha acogido en la tarde de hoy a una multitud de gentes procedentes de diversos lugares para escuchar el concierto ofrecido por la Minibanda de Villarcayo. Las bóvedas de la iglesia del monasterio de Rioseco, que durante varios siglos dieron cobijo a las salmodias de la comunidad cisterciense, han servido de caja de resonancia a la música de los instrumentos de viento de esta joven banda.

La atmósfera de misterio del viejo templo de Rioseco se ha llenado con las notas musicales y con la presencia de un gran número de gentes unidas por un deseo común: "Salvemos Rioseco".


Precisamente hoy, el día 17 de junio, la Iglesia recuerda en su santoral a Santa Teresa de Portugal, quien fue reina de León, por su matrimonio con Alfonso IX. Este matrimonio fue anulado por razones de parentesco y Teresa de Portugal se retiró a un monasterio cisterciense hasta el fin de sus días. Esto es lo que nos cuenta el P. Enrique Flórez en su obra "Memorias de las reynas catholicas":
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Orquídeas en el camino de subida al monasterio

Después del concierto, un pequeño recorrido por la zona nos ha permitido hacer una pequeña visita al vecino pueblo de San Martín del Rojo, a sus arruinadas casas y a su bellísima iglesia que se encuentra en obras. La Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campóo está realizando la restauración dentro del denominado Plan de Intervención "Románico Norte".
Espadaña de la iglesia de San Martín del Rojo

Casas de San Martín del Rojo

Cerca de San Martín del Rojo, el pueblo de Fuente Humorera y las ruinas de su iglesia románica se encuentran secuestrados por un particular con pocos escrúpulos y no se pueden visitar. A pesar de que una reciente resolución del Procurador del Común exigía que se respetasen los caminos públicos, estos continúan cerrados con candados.